La saga del server, capítulo a capítulo. Se sigue escribiendo con cada sesión.
Capítulo 01
Dos Nicos y muchas muertes
Al principio no había nada más que dos Nicos y una tierra que no perdonaba. Cayeron una vez, y otra, y otra más —ante zombies, ante la caída, ante el hambre— hasta que, hartos de renacer sin rumbo, clavaron los primeros cimientos de un techo que los recibiera. No era un hogar. Era una promesa de dejar de morir gratis.
Capítulo 02
Se suma Agus
Y cuando la soledad de dos empezaba a pesar, llegó una tercera. Agus cruzó el umbral de aquel búnker de emergencia y, con su sola llegada, lo que alcanzaba para dos se sintió, por primera vez, chico.
Capítulo 03
La búsqueda de un lugar mejor
La casa había cumplido. Pero ningún grupo que se respete se conforma con sobrevivir: había que encontrar una tierra digna de ser llamada hogar. Así arrancó la exploración, mapa en blanco y biomas por descartar.
Capítulo 04
Agus encuentra el lugar
Fue Agus quien lo vio primero. El bioma perfecto, esperando desde siempre a que alguien lo reclamara. No perdió un segundo: antes de que los demás terminaran de asimilarlo, ya estaba trazando los planos de la mudanza.
Capítulo 05
El plan menos razonable
Ante ellos se abrían dos caminos: caminar hasta la casa nueva, como gente sensata — o construir un barco y mudar la casa entera, ladrillo por ladrillo, navegando. Nico² no dudó ni un segundo. Eligieron el segundo camino. Nadie sabe todavía por qué.
Capítulo 06
El Canal de Panamá
El problema era que no existía un río que uniera los dos mundos. Así que, pico en mano y con una determinación que ya rozaba la necedad, Nico² decidieron resolverlo del único modo que se les ocurrió: cavando ellos mismos el río que hacía falta.
Capítulo 07
La travesía
Con el canal terminado, zarparon. La casa entera, a cuestas, flotando hacia lo desconocido. El viaje cobró su precio —Nico² no llegaron enteros— pero el barco, contra todo pronóstico, sí.
Capítulo 08
Un puerto los esperaba
Y en la orilla, cómo no, ya estaba Agus. Un paso adelante como siempre: puerto terminado, listo para recibir a los náufragos y su extraña embarcación.
Capítulo 09
Poniendo la casa en orden
Con los tres bajo el mismo techo por fin, la gesta le dio paso al trabajo de todos los días: hierro para forjar, una aldea vecina para vigilar, y una primera máquina —humilde pero funcional— que convierte lana en string. El primer engranaje de algo más grande.
Capítulo 10
Cada uno a su oficio
Y llegó el día en que el asentamiento dejó de ser un refugio para volverse un pueblo. Nico Axyz levantó la granja de aldeanos y, junto a ella, una granja de hierro tan generosa que el metal dejó de ser una preocupación. El grupo cercó ovejas y gallinas. Agus tomó la casa y la rehizo más grande y más digna. Nico Shock alzó una torre vigía para ver venir lo que sea que venga. Y sobre la tierra removida, alguien ya empezaba a imaginar un castillo.
Capítulo 11
El artefacto que nadie supo encender
Aquel mismo día, Nico Axyz construyó el generador base de Oritech: la primera chispa de la era que viene. Lo colocaron en su sitio, se reunieron alrededor y lo contemplaron en silencio. Nadie tenía la más mínima idea de cómo encenderlo. Quedó ahí, esperando —magia negra, por ahora.
Capítulo 12
La chispa, y la duda que vino después
Cayeron las últimas piezas: mochilas para los tres, hierro de sobra y equipo completo para todos. Con eso encima, volvieron al artefacto y esta vez lo encendieron. El generador rugió. Y el grupo lo miró funcionar, victorioso y perplejo, sin tener del todo claro qué hacer con él.
Capítulo 13
Llegan a cuatro
El reino ya no cabía en tres. Y en algún momento de aquellos días, Ramdall —a quien todos llaman Leo— cruzó la frontera del mundo y pidió lugar junto al fuego. Se lo dieron sin discutir: hacían falta manos, y sobraba tierra por delante.
Capítulo 14
El hierro infinito
Hay reinos que se miden en oro. Este se mide en hierro. La granja alcanzó su forma definitiva y empezó a escupir metal a un ritmo que ningún proyecto lograba consumir: primero fueron lingotes, después pilas, y hoy hay cofres enteros de bloques esperando a que a alguien se le ocurra en qué gastarlos. El hierro dejó de ser un recurso y pasó a ser un paisaje.
Capítulo 15
Los libros prohibidos
Con el criadero de aldeanos girando sin descanso, Nico Axyz se sentó frente a los librarians y no se levantó en todo el día. Reroll tras reroll, terco como una maldición, hasta arrancarle al azar los cuatro libros que el grupo perseguía: Mending, Fortune III, Efficiency V y Unbreaking III. Ese día la suerte dejó de decidir cómo estaban equipados. Ahora el ciclo se muerde la cola solo —hierro, esmeraldas, encantamientos—, y ya hay cien por sesenta bloques de tierra aplanada esperando el mercado que todavía nadie construyó.
Capítulo 16
El día del castillo y de Ignis
Ese día tuvo dos mitades. En la primera, Agus dio la última orden sobre la piedra y el castillo quedó terminado: torres, salones y un waypoint propio, coronando todo lo que habían levantado desde el búnker de los primeros días. En la segunda, los cuatro bajaron juntos al Nether por primera vez. Nico Shock se agarró a piñas con los Zombie Pigmen —cosa que nunca, jamás, termina bien—. Y entonces apareció Ignis. Hubo un plan. Hubo coraje. Hubo, sobre todo, muy poca supervivencia: los borró a los cuatro en cuestión de segundos. Queda anotado en el libro como deuda pendiente, para cuando tengan mejores armaduras y bastante menos entusiasmo.
Capítulo 17
La fortaleza
Volvieron al infierno, esta vez sin ínfulas y con un objetivo más modesto. Nico Axyz y Leo dieron con una Nether Fortress y salieron de ahí con blaze rods y una vía estable hacia los Blazes: la llave de las pociones y de media docena de cadenas que todavía no hicieron falta, pero harán.
Capítulo 18 · ahora mismo
El sol alimenta a las máquinas
Y entonces, en algún rincón olvidado del mundo, encontraron paneles solares de Oritech. Abandonados, intactos, esperando desde siempre a que alguien supiera qué eran. Los trajeron a casa y por fin la energía dejó de ser un misterio: cable va, cable viene, y hoy el Powered Furnace, el Pulverizer y la Centrifuge trabajan con luz de sol. Todavía no es una fábrica —son tres máquinas dignas y desordenadas—, pero después de tantas noches de piedra y madera, el server aprendió por fin a fabricar con el cielo.
Capítulo 19
Todavía sin escribir
Lo que sigue no está contado todavía. Pero se adivina: ordenar esas máquinas en un taller que merezca el nombre, levantar por fin el mercado sobre la explanada vacía y, algún día, volver por Ignis.